
En la conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, las integrantes de la Confederación Argentina de Mutualidades (CAM) emitieron una declaración institucional desde cada rincón del país, renovando su compromiso con la visibilización de las desigualdades que persisten en el ámbito laboral y doméstico. La voz colectiva de las mujeres mutualistas se alzó con claridad: honrar las luchas del movimiento de mujeres implica también interpelar las condiciones materiales concretas que sostienen la desigualdad.
Desde la Secretaría de Equidad de Género (SEG) de CAM, el colectivo identificó cinco ejes críticos que definen las deudas pendientes con las trabajadoras argentinas en 2026. Cada punto condensa una realidad estadística que el sistema laboral y político sigue ignorando, y que la economía social y solidaria se propone transformar desde sus propias organizaciones.
DESIGUALDAD EN EL MERCADO LABORAL
Uno de los puntos que la SEG CAM puso en primer plano es la rigidez normativa en materia de licencias parentales. El régimen legal vigente apenas ha variado en las últimas cinco décadas: 90 días de licencia por maternidad frente a solo 2 días de licencia por paternidad. Esta asimetría es uno de los sostenes estructurales de la desigualdad en el mercado laboral: cuando las responsabilidades del cuidado recaen casi exclusivamente sobre la mujer en los primeros días de vida de un hijo, las consecuencias sobre la trayectoria laboral femenina son inmediatas y duraderas.
La brecha de licencias no es solo un dato burocrático. Condiciona quién interrumpe su carrera, quién regresa antes al trabajo y quién carga con la culpa silenciosa de no poder «elegir». Para el mutualismo, que históricamente promovió condiciones de trabajo dignas para sus asociadas, esta deuda legislativa representa un límite concreto que la organización colectiva puede presionar para transformar.
EL ROL DE LAS MUJERES MUTUALISTAS EN LA ECONOMÍA
La SEG CAM identificó con precisión otro nudo central: las mujeres son quienes sostienen la mayor parte de las tareas de cuidado, la vida cotidiana y las redes comunitarias, y el principal desafío sigue siendo la distribución inequitativa de esa carga. En términos cuantitativos, los datos son elocuentes: las mujeres dedican el doble de tiempo que los varones al trabajo doméstico y de cuidados no remunerados, una realidad que el sistema laboral ignora sistemáticamente y que reproduce la desigualdad en cada ciclo económico.
Este trabajo invisible financia de hecho parte del funcionamiento social y productivo del país, sin que nadie lo contabilice en el PBI ni en los aportes previsionales. Según la Encuesta sobre Trabajo No Remunerado del INDEC, las argentinas dedican en promedio 6,4 horas diarias a tareas domésticas no remuneradas, casi el doble que los varones.
Las mutuales, desde su rol territorial, han sido históricamente uno de los espacios donde este trabajo se colectivizó: los servicios solidarios de salud, asistencia y cuidado que ofrecen son en gran medida posibles gracias a la participación activa de mujeres que además cargan con las responsabilidades domésticas fuera del espacio institucional.
PRECARIEDAD DE LOS TRABAJOS FEMINIZADOS
La precariedad laboral a los sectores más feminizados de la economía. El tercer eje planteado por la declaración institucional de la CAM aborda la precariedad de los trabajos feminizados como una forma de violencia económica. La afirmación es tajante: precarizar trabajos feminizados también es violencia económica, porque limita la independencia económica que es condición necesaria para la autonomía real de las mujeres.
Un dato lo ilustra con contundencia: el trabajo en casas particulares —uno de los sectores más feminizados del mercado laboral argentino— concentra a más del 95% de mujeres entre quienes lo ejercen. Se trata de un sector que históricamente atravesó enormes barreras para acceder a condiciones laborales formales, cobertura médica, aportes jubilatorios y protección sindical. Aun con los avances normativos de los últimos años, la precariedad persiste como norma y no como excepción.
Para el movimiento mutualista argentino, que representa aproximadamente el 11% del PBI y millones de asociados en todo el país, la equidad de género en el trabajo no es un reclamo externo al sector: es una condición interna de coherencia. Las organizaciones que sostienen principios de solidaridad y democracia interna no pueden ser ajenas a las desigualdades que reproducen en sus propias estructuras de conducción y en las condiciones laborales de sus trabajadoras.
CONDICIONAMIENTOS ESTRUCTURALES HISTÓRICOS
¿Cuál es la dimensión real de la brecha laboral que enfrentan las mujeres mutualistas en Argentina? Los números que la SEG CAM pone sobre la mesa son contundentes. La brecha de participación laboral entre mujeres y varones puede diferir entre 20 y 40 puntos porcentuales, según el sector, la región y el contexto socioeconómico. Se trata de una de las brechas más profundas y persistentes del mercado de trabajo argentino, cuyas causas no son atribuibles a preferencias individuales sino a condicionamientos estructurales históricos.
El dato más conmovedor de toda la campaña refiere a la escala humana de esta desigualdad: 1,8 millones de mujeres quedan fuera del sistema productivo en Argentina. No es elección: son desigualdades estructurales que siguen limitando su acceso al trabajo. Detrás de ese número hay mujeres sin posibilidades de acceder a cobertura previsional propia, sin ingresos formales, sin representación gremial y sin visibilidad en las políticas públicas.
¿Qué propone la economía solidaria para cerrar las brechas que señalö este 8M?
La declaración de las mujeres mutualistas de la CAM no se limita al diagnóstico. Propone un posicionamiento activo desde la economía social y solidaria como herramienta de transformación concreta. El movimiento mutualista tiene una historia larga en la construcción de respuestas colectivas donde el mercado falla y el Estado no alcanza: desde los primeros socorros mutuos de los trabajadores inmigrantes a fines del siglo XIX hasta los servicios de salud, educación y recreación que hoy sostienen millones de familias argentinas.
VALORACION DEL TRABAJO DE CUIDADOS
La declaración de este 8M se inscribe en una agenda de trabajo que la propia Secretaría de Género de la CAM ya había presentado a comienzos de 2026, poniendo en el centro el liderazgo femenino, la equidad en los espacios de conducción y la valorización del trabajo de cuidados dentro del sector mutualista.
En ese contexto, las mujeres mutualistas se pronuncian en defensa de los derechos conquistados, tanto en los ámbitos laborales como domésticos, y se unen a los movimientos de mujeres y diversidades para reclamar, denunciar y visibilizar las injusticias pendientes. El mensaje con el que la SEG CAM cerró su campaña del 8M sintetiza con precisión la visión del sector: la igualdad se construye con organización, derechos y economía social y solidaria. Honrar a quienes lucharon antes implica, hoy, traducir esa convicción en decisión colectiva.


