Una mirada al mutualismo de otros continentes: ¿Va Europa a dar, por fin, un giro hacia la economía social?

Escribe GEERT MESSIAEN
Secretario General de la Unión Nacional
de Mutuas Liberales  —  Francia

La Comisión Europea quiere entrar, a partir de ahora, en la economía social con el fin de mostrar que Europa es mucho más que una construcción solo válida para bancos y multinacionales.  La economía social incluye a numerosas empresas y organizaciones sin ánimo de lucro, cuya finalidad social es satisfacer determinadas necesidades en la sociedad que no responden a los clásicos mecanismos del mercado. Dado que se basan en la solidaridad, su objetivo no consiste en obtener el mayor beneficio posible para los accionistas.

Las mutuas constituyen una de las numerosas formas de empresa socioeconómica. A nivel europeo, se han agrupado en la Asociación Internacional de la Mutualidad (AIM), una organización central con sede en Bruselas, que ofrece cobertura a 209 millones de personas en Europa y a 240 millones en todo el mundo.

Durante años, la organización ha estado trabajando en el reconocimiento europeo de las mutuas — de momento, ha sido en vano –, que debe garantizar la protección del sector frente a la competencia de las empresas comerciales y permitir que trabajen más allá de sus fronteras. Este último punto es especialmente importante para los muchos expatriados que viven o trabajan en otro Estado miembro y para las mutuas de los países más ricos, que desean respaldar la creación y el desarrollo de mutuas en otros países.

No obstante, las mutuas difieren bastante unas de otras en casi todos los países europeos, algo que la Comisión Europea parece desconocer y que constituye un serio problema. Las mutuas en Lituania, Estonia, la República Checa, Eslovaquia, Islandia y Liechtenstein tienen un sentido bastante distinto y un fondo diverso. A finales de 2013, tras muchos años de trabajo preparatorio (desde comienzos de los 90), el Parlamento Europeo adoptó una resolución para elaborar un estatuto europeo (reconocimiento europeo) para las mutuas.

A comienzos de 2014, la Comisión Barroso inició un estudio sobre la sociedad civil, pero la Comisión Juncker, que asumió sus funciones en noviembre, dio marcha atrás porque no se sentía obligada por la labor de su predecesor. Dado que la Comisión no tiene intención de continuar (¿por el momento?) el trabajo sobre el estatuto europeo, la AIM está avanzando en una dirección más general: a finales de abril de 2017, la AIM hizo un nuevo llamamiento para el reconocimiento de las empresas socioeconómicas dentro de la UE con el fin de que puedan crecer mejor y trabajar más allá de las fronteras nacionales.

Me complace indicar que, esta vez, la Comisión Juncker está abierta al cambio. Mientras tanto, su grupo de expertos, que trabaja en la iniciativa en favor de las empresas sociales, ha formulado varias recomendaciones, que deberán aplicar las propias empresas sociales. Ulla Engelmann, jefa de la unidad de Clusters, Economía Social y Emprendimiento de la Dirección General de GROW, explicó a la AIM que la Comisión Europea está proponiendo medidas concretas en apoyo de la visibilidad de las empresas socioeconómicas
y de su concepto en los diferentes Estados miembro.

Esto es algo evidentemente necesario. La AIM y, por tanto, también las mutualidades liberales, están dispuestas a colaborar. En términos más concretos, hago un llamamiento a la Comisión para encontrar una solución al reconocimiento europeo de las mutuas. Si no es posible hacerlo a nivel de todos los Estados miembro, propongo establecer una estrecha colaboración entre ellos en respaldo de la economía social.

Cruzo los dedos y sigo muy de cerca y con interés el nuevo giro final de la Comisión Europea.