La entidad federativa que ostenta el número 1, se encuentra en estado de decadencia institucional

Escribe ROBERTO MOLINA

La Federación de Entidades Mutualistas de la Provincia de Buenos Aires (FEMBA) es la institución de segundo grado del sector que ostenta la matrícula número 1. Esto tendría que ser un honor, motivo de gran orgullo y erigirse como entidad ejemplar y señera del mutualismo argentino.

Pero los datos de la realidad indican que en esa entidad — que alguna vez fue presidida por un dirigente de gran calidad moral, como lo fue el azuleño Pedro Armando López — sucede todo lo contrario. Es lamentable decir que la FEMBA se encuentra atravesando un proceso de paulatina decadencia, como consecuencia de que la entidad es conducida por un personaje carente de luces y absolutamente nulo en su capacidad dirigencial.

La referencia tiene que ver con Eduardo Cruz, actual titular de la FEMBA, que alguna vez fue expulsado de la entidad de primer grado a la que pertenecía y logró luego insertarse en otra mutual, para mantener el ejercicio de la presidencia de esta federación. Pero así como es nulo en su capacidad dirigencial, es muy hábil para realizar otros manejos carentes de transparencia. Este señor está enquistado en la conducción de FEMBA desde hace unos 25 años…

En el ambiente mutualista existe una profunda preocupación por el futuro de esta federación. Si algo debe señalarse de esta entidad de segundo grado, que tiene su sede en Mar del Plata, es que está desenvolviéndose al margen de los lineamientos de la Ley 20321. Hace más de dos años que no realiza asambleas y que no eleva sus balances y demás documentación al INAES. Y tiene pendientes rendiciones de cuentas ante el organismo nacional de control, por subsidios cuyos fondos han tenido un destino incierto… 

También tiene alguna asamblea impugnada, situación que no tiene resolución todavía, no obstante haberse presentado pruebas fehacientes de ciertas anomalías administrativas cometidas por el presidente de la federación y algún otro cómplice que lo secunda. A propósito de las asambleas, las convoca él por propia decisión y ante el desconocimiento de la mayoría de los miembros del Consejo Directivo.

Esta federación bonaerense, que conduce Cruz desde hace muchos años, es manejada como si el presidente fuera el propietario de la misma. Es un dirigente que verdaderamente vive del mutualismo. Alguna vez le expresó, a quien esto escribe, que “estoy a la espera de que llegue un subsidio del INAES, para cobrar mi sueldo de presidente. La Federación me adeuda varios meses…”.

No es necesario agregar más ingredientes para definir el manejo de este dirigente. Es necesario recordar que inicialmente FEMBA fue la única entidad de segundo grado que existía en el territorio bonaerense. Pero la pasividad de su accionar, especialmente a partir de la conducción de Eduardo Cruz, hizo que varias mutuales se alejaran de la entidad paulatinamente y luego comenzaron a aparecer otras federaciones en la provincia.

Su inoperancia en la conducción federativa ha originado que la entidad se encuentre hoy en su nivel más bajo. Ni pensar en que Eduardo Cruz esté dispuesto a dar un paso al costado — como verdaderamente correspondería, frente a su ineptitud — para que FEMBA pueda recuperar el nivel y el prestigio que alguna vez había ganado. Este dirigente quiere seguir viviendo del mutualismo y seguramente debe estar a la espera de un nuevo subsidio que le permita subsistir, cuando todavía tiene rendiciones pendientes…

El ciclo de Eduardo Cruz al frente de FEMBA está concluido y no porque haya realizado una buena conducción. Todo lo contrario. El resultado de su gestión fue la desintegración federativa. La incapacidad, como la corrupción, matan. Y como lo ha señalado reiteradamente el doctor Marcelo Collomb, “hay que sacar de la cancha a aquellos que no juegan bien…”.

La FEMBA es una entidad que merece ser recuperada para instalarla nuevamente en el sitial de privilegio que alguna vez ocupó en el contexto del mutualismo argentino.